Después de una ruptura de pareja, los padres tienen la obligación de atender todos los gastos necesarios para el cuidado y desarrollo de sus hijos.

Estos gastos que se generan para el cuidado de los menores se pueden dividir entre gastos ordinarios y gastos extraordinarios.

Una de las cuestiones que suscitan mayor problemática y a veces confusión en la relación económica entre los progenitores separados, consiste en la distinción de estos gastos.

¿Qué son los gastos ordinarios?

Los gastos ordinarios son previsibles, periódicos e imprescindibles, por los que una vez cuantificados se utilizan para calcular lo que conocemos como la pensión de alimentos.

El artículo 142 de nuestro Código Civil entiende por alimentos todo lo que sea indispensable para el sustento, habitación, asistencia médica, o gastos en educación. A modo de ejemplo se consideran gastos  ordinarios:

  • Los alimentos
  • Coste de la vivienda/alquiler
  • Ropa, vestido
  • Ocio del menor

¿Qué son los gastos extraordinarios?

Se entiende por tanto que todo lo que no esté incluido como gasto ordinario y resulte excepcional debería considerarse gasto extraordinario. La jurisprudencia califica estos gastos como, necesarios, imprevisibles, y no periódicos.

No obstante, la experiencia nos dice que la delimitación no es tan sencilla y que en ocasiones gastos que se consideran como ordinarios pueden tratarse como extraordinarios en otros y viceversa.

Clases de gastos extraordinarios

Necesarios y/o Urgentes: Estos gastos son necesarios y a veces no pueden esperar debido a la urgencia. Algunos ejemplos:

  • Intervenciones quirúrgicas
  • Tratamientos dentales
  • Tratamientos ópticos

Convenientes: Estos gastos aunque sean convenientes, no son estrictamente necesarios e imprescindibles. Algunos ejemplos:

  • Actividades extraescolares
  • Clases de idiomas

Superficiales: Estos gastos no son necesarios ni imprescindibles y tampoco tienen por qué ser convenientes.

Esta distinción habrá que tenerse en cuenta a la hora de poder exigir al otro progenitor el abonar su parte correspondiente de los gastos, ya que si bien en los gastos urgentes y necesarios se puede exigir la participación del otro progenitor, será más cuestionable en el caso de gastos que puedan considerarse superfluos o prescindibles.

En cualquier caso y como regla general, respecto a los gastos extraordinarios habrá que atender al acuerdo y consentimiento entre los progenitores habiendo acordado su desembolso ambas partes.  

En caso de discrepancia entre los progenitores que obligue acudir a la vía judicial, hay que señalar que los gastos extraordinarios se interpretan de forma menos restrictiva cuando los hijos son menores de edad.

¿Cuánto porcentaje hay que abonar de los gastos extraordinarios?

De forma común, los gastos extraordinarios los abonan los progenitores por mitad (al 50%). No obstante, creemos que al igual que al establecer la pensión de alimentos a favor de los hijos se tienen en cuenta factores como la capacidad económica del progenitor que tiene que abonar dicha pensión, debería hacerse lo mismo con los gastos extraordinarios, aplicando el criterio de proporcionalidad correspondiente a los ingresos que cada progenitor tenga.

En cualquier caso y siempre que existan dudas, nuestra recomendación es acudir a un abogad@ especialista en derecho de familia que os pueda asesorar en vuestro caso concreto.

 

 

 

 

 

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